
































CUENCO PROFUNDO, Loza, Período Jomon(10000–300 a. C.)
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Vasija de loza en forma de cuenco profundo del período Jomon.
La cerámica Jomon, si bien funcionaba como recipientes de uso cotidiano para cocinar y almacenar, desarrolló una amplia variedad de formas a lo largo de períodos y regiones. El cuenco profundo es una forma característica: algunos ejemplares presentan un borde elevado; otros se forman con un borde ondulado; otros incorporan salientes u ornamentación aplicada. Esta pieza presenta asimismo un borde ampliamente acampanado y salientes que se elevan en los cuatro lados; aunque es un recipiente utilitario, despliega una poderosa presencia escultórica.
El cuerpo se eleva desde una sección inferior redondeada, formando una protuberancia pronunciada en el hombro antes de abrirse hacia el borde. Estrías verticales recorren la superficie, y en el borde permanece un motivo en espiral. No excesivamente ornamentada, la vasija posee, no obstante, una tensión y una presencia vigorosa características de la cerámica Jomon.
La superficie varía de marrón rojizo pálido a marrón grisáceo, con decoloraciones oscuras localizadas y alteraciones sufridas durante el enterramiento. El interior aparece ennegrecido, como por exposición al fuego, y conserva vestigios de un uso doméstico prolongado. La aspereza de la arcilla, las zonas de abrasión y las finas fisuras configuran en conjunto una apariencia característica de la loza que ha perdurado a lo largo del tiempo.
De generosas dimensiones, sin resultar pesada, esta pieza de loza se exhibe con acierto en estanterías, en un tokonoma o como parte del arreglo de una sala de té. Con la incorporación de flores, la presencia primigenia del recipiente se armoniza con la suavidad de las hierbas y las flores. Es una obra de presencia, distinguida tanto por su forma como por el carácter terroso de su arcilla.
Debido a su antigüedad, el borde y el cuerpo presentan mellas, grietas, rozaduras, zonas de arcilla erosionada y depósitos adheridos. Se observan, en su conjunto, rastros de restauración y reparación; le rogamos que los considere como parte del carácter visual del objeto. Si piensa utilizarlo para contener agua, utilice un recipiente interior.
Hay muchas fotos del producto disponibles, por favor revise los detalles y el estado. Si tiene preguntas, no dude en contactarnos.
La cerámica Jōmon se elaboraba sin torno. Se moldeaba a mano, apilando rollos de arcilla en espiral. Este proceso artesanal dejaba huellas visibles: espesores irregulares, ondulaciones sutiles y una textura cruda que todavía se puede sentir. Para resistir las bajas temperaturas de cocción entre 600 y 900 °C, se añadían materiales como conchas, fibras vegetales y mica, que fortalecían la pieza.
En el Jōmon Temprano (ca. 16.500–5.000 a.C.), predominaban las vasijas profundas de fondo redondeado, útiles para cocinar y almacenar. Con el avance del sedentarismo, se introdujeron bases planas más estables sobre el suelo.
El Jōmon Medio (ca. 3.500–2.500 a.C.) se considera la edad dorada de esta cultura. Se popularizaron decoraciones complejas y tridimensionales como los bordes en forma de llama o de corona, y se desarrollaron más de 70 estilos regionales. Estas piezas se convirtieron en símbolos de las aldeas, la espiritualidad y la adoración de la naturaleza. Las figurillas de arcilla conocidas como Dogū también reflejaban creencias en la fertilidad y las oraciones rituales.
En el Jōmon Tardío (ca. 2.500–300 a.C.), volvió a enfatizarse la vida cotidiana. Aumentó el uso de jarras con pico y figurillas delgadas en forma de tablilla, reflejando la reducción de los asentamientos y el impacto del cambio climático, lo que indicaba una transición hacia la sociedad Yayoi.
La evolución de la cerámica Jōmon a lo largo de estas tres fases traza un ciclo singular: de “herramientas prácticas” a “ornamento y espiritualidad”, y luego de regreso a la “cotidianidad”. Al tocar un fragmento de cerámica y percibir el aroma de la arcilla, se evoca un diálogo profundo entre el ser humano y la naturaleza, entre las estaciones y la memoria. Esa familiaridad tal vez sea prueba de que el hilo continuo de vida tejido durante más de diez mil años en estas islas sigue vivo en nosotros. La cerámica Jōmon podría verse, así, como una gran señal en la historia que nos invita a reflexionar: ¿de dónde venimos y hacia dónde vamos?
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