




















JARRA, Loza, Período Jomon (10000–300 a. C.)
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> Consultar sobre esta pieza o una similarEste cuenco profundo del período Jomon se utilizaba como olla para cocinar alimentos y como recipiente para almacenar.
La pieza presenta un cuenco profundo de boca abierta con una pequeña base cilíndrica. Todo el cuerpo está adornado con marcas diagonales de cordón. A pesar de su modesto tamaño, posee una presencia impactante.
Aunque la carrocería presenta restauraciones, se mantiene en buen estado y conserva su forma original. Sería una magnífica adición a cualquier colección.
(Se incluye un soporte de cordón de cáñamo tejido).
w20 x d20 x h23 cm
En el archipiélago japonés, durante el período Jōmon, que comenzó hace aproximadamente 16.500 años, floreció una de las culturas cerámicas más antiguas del mundo. El símbolo representativo de esta época es la cerámica Jōmon. El nombre proviene de la técnica de presionar cuerdas o cordeles sobre la arcilla húmeda para crear patrones, y los ejemplos más antiguos se han encontrado en yacimientos como Ōdai Yamamoto en Aomori y Shino-no-uchi en Nagano. Estas piezas no eran simples utensilios de cocina; parecían “monumentos” que conectaban la naturaleza con la vida humana.
La cerámica Jōmon se elaboraba sin torno. Se moldeaba a mano, apilando rollos de arcilla en espiral. Este proceso artesanal dejaba huellas visibles: espesores irregulares, ondulaciones sutiles y una textura cruda que todavía se puede sentir. Para resistir las bajas temperaturas de cocción entre 600 y 900 °C, se añadían materiales como conchas, fibras vegetales y mica, que fortalecían la pieza.
En el Jōmon Temprano (ca. 16.500–5.000 a.C.), predominaban las vasijas profundas de fondo redondeado, útiles para cocinar y almacenar. Con el avance del sedentarismo, se introdujeron bases planas más estables sobre el suelo.
El Jōmon Medio (ca. 3.500–2.500 a.C.) se considera la edad dorada de esta cultura. Se popularizaron decoraciones complejas y tridimensionales como los bordes en forma de llama o de corona, y se desarrollaron más de 70 estilos regionales. Estas piezas se convirtieron en símbolos de las aldeas, la espiritualidad y la adoración de la naturaleza. Las figurillas de arcilla conocidas como Dogū también reflejaban creencias en la fertilidad y las oraciones rituales.
En el Jōmon Tardío (ca. 2.500–300 a.C.), volvió a enfatizarse la vida cotidiana. Aumentó el uso de jarras con pico y figurillas delgadas en forma de tablilla, reflejando la reducción de los asentamientos y el impacto del cambio climático, lo que indicaba una transición hacia la sociedad Yayoi.
La evolución de la cerámica Jōmon a lo largo de estas tres fases traza un ciclo singular: de “herramientas prácticas” a “ornamento y espiritualidad”, y luego de regreso a la “cotidianidad”. Al tocar un fragmento de cerámica y percibir el aroma de la arcilla, se evoca un diálogo profundo entre el ser humano y la naturaleza, entre las estaciones y la memoria. Esa familiaridad tal vez sea prueba de que el hilo continuo de vida tejido durante más de diez mil años en estas islas sigue vivo en nosotros. La cerámica Jōmon podría verse, así, como una gran señal en la historia que nos invita a reflexionar: ¿de dónde venimos y hacia dónde vamos?
La cerámica Jōmon se elaboraba sin torno. Se moldeaba a mano, apilando rollos de arcilla en espiral. Este proceso artesanal dejaba huellas visibles: espesores irregulares, ondulaciones sutiles y una textura cruda que todavía se puede sentir. Para resistir las bajas temperaturas de cocción entre 600 y 900 °C, se añadían materiales como conchas, fibras vegetales y mica, que fortalecían la pieza.
En el Jōmon Temprano (ca. 16.500–5.000 a.C.), predominaban las vasijas profundas de fondo redondeado, útiles para cocinar y almacenar. Con el avance del sedentarismo, se introdujeron bases planas más estables sobre el suelo.
El Jōmon Medio (ca. 3.500–2.500 a.C.) se considera la edad dorada de esta cultura. Se popularizaron decoraciones complejas y tridimensionales como los bordes en forma de llama o de corona, y se desarrollaron más de 70 estilos regionales. Estas piezas se convirtieron en símbolos de las aldeas, la espiritualidad y la adoración de la naturaleza. Las figurillas de arcilla conocidas como Dogū también reflejaban creencias en la fertilidad y las oraciones rituales.
En el Jōmon Tardío (ca. 2.500–300 a.C.), volvió a enfatizarse la vida cotidiana. Aumentó el uso de jarras con pico y figurillas delgadas en forma de tablilla, reflejando la reducción de los asentamientos y el impacto del cambio climático, lo que indicaba una transición hacia la sociedad Yayoi.
La evolución de la cerámica Jōmon a lo largo de estas tres fases traza un ciclo singular: de “herramientas prácticas” a “ornamento y espiritualidad”, y luego de regreso a la “cotidianidad”. Al tocar un fragmento de cerámica y percibir el aroma de la arcilla, se evoca un diálogo profundo entre el ser humano y la naturaleza, entre las estaciones y la memoria. Esa familiaridad tal vez sea prueba de que el hilo continuo de vida tejido durante más de diez mil años en estas islas sigue vivo en nosotros. La cerámica Jōmon podría verse, así, como una gran señal en la historia que nos invita a reflexionar: ¿de dónde venimos y hacia dónde vamos?
Yoshiki Umemori / ROCANIIRU
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