






















































ARCÓN BANDAJI, Dinastía Joseon(1392–1897 d. C.)
Impuestos excluidos. Pueden aplicarse derechos de importación. 本州は送料一律1,000円(大型商品除く)
Un arcón bandaji semicerrado de la época Joseon.
Un arcón de la dinastía Joseon cuyo panel frontal superior se abre hacia adelante. Utilizado para guardar prendas, textiles y objetos de uso cotidiano, su forma sencilla y de caja contrasta con la presencia marcada y contundente de los herrajes de hierro dispuestos en el frontal.
Se trata de un arcón bandaji considerablemente envejecido: su madera ha adquirido una pátina marrón profunda que armoniza con los herrajes de hierro oscurecidos. En el frente presenta, en varios puntos, herrajes calados con el motivo manji que, junto con los tiradores, los elementos de cierre y las bisagras, revelan la belleza sobria característica del mobiliario Joseon. La ornamentación no es ostentosa, pero la repetición del motivo manji y la textura del hierro imprimen una fuerza contenida.
Por su uso prolongado, las esquinas se han redondeado y la superficie de la madera presenta abrasiones, arañazos y variaciones de brillo. Los herrajes de hierro muestran óxido y corrosión y están parcialmente debilitados; no obstante, en conjunto la pieza conserva su solidez estructural. Si bien mantiene su utilidad práctica como mueble antiguo, el carácter envejecido de la madera y del hierro es claramente evidente.
La parte posterior es una superficie de tablones sencilla y sin decoración que, en contraste con los herrajes metálicos expresivos del frente, transmite la presencia serena de un arcón de madera antiguo. Cuando sobre ella se colocan porcelanas blancas, celadón pálido, piedra o cerámicas antiguas, la veta oscura de la madera y los herrajes de hierro realzan la blancura y las cualidades táctiles de las piezas.
Con un ancho manejable de aproximadamente 70 cm, funciona no solo como arcón de almacenamiento para el suelo, sino que también puede emplearse como soporte bajo para exhibición o como plataforma para jarrones y piezas de cerámica. No es de gran tamaño; sin embargo, posee la presencia característica del mobiliario de la dinastía Joseon.
Debido a su antigüedad, los elementos de madera presentan rozaduras, arañazos y astillamientos, y los herrajes metálicos están oxidados y parcialmente deteriorados. Las puertas frontales abren y cierran con suavidad. Téngase en cuenta que se trata de una pieza de mobiliario antigua.
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La estética de esta época no valoraba la ornamentación superficial ni la destreza técnica, sino que daba importancia a formas y expresiones que sostenían en silencio el mundo interior del individuo. Los objetos y muebles no eran simplemente herramientas utilitarias: podían considerarse una especie de dōjō, espacios de práctica espiritual, donde los gestos cotidianos y el estado mental se armonizaban. Una vasija sencilla en el estudio de un erudito, un escritorio austero o un soporte de pinceles sin adornos no eran solo objetos para contemplar, sino espejos que reflejaban la postura y los pensamientos de quien los usaba.
No es casualidad que las obras artesanales del periodo Joseon posean una "presencia que no habla en exceso". Estas piezas fueron creadas con la intención de acompañar el espíritu humano, no de deslumbrarlo, sino de respirar con él y ayudarlo a encontrar equilibrio en silencio.
En el caso de la porcelana blanca, por ejemplo, fenómenos “no intencionados” como el leve fluir del esmalte, las vibraciones del barro o las leves irregularidades de la forma eran aceptados tal como eran. En ello se revela un espíritu de aceptación que contrasta con los ideales modernos de perfección y uniformidad. Esta sensibilidad cuestiona las fronteras entre lo natural y lo artificial, entre la belleza y la imperfección, entre el objeto y el pensamiento. Puede decirse que no solo fue una forma de hacer, sino la manifestación de un espíritu de época.
La belleza en la era Joseon no era, por así decirlo, una "belleza que se muestra", sino una "belleza que resuena". No reside en el atractivo del objeto en sí, sino en la posibilidad de que, a través de él, la persona reflexione sobre cómo vivir y cómo ser. Por eso, el objeto no debe hablar en exceso: debe contener vacíos, silencios, pausas. Esta forma de pensar parece fluir en el corazón mismo del arte artesanal de Joseon.
Estos valores cruzaron el mar y echaron raíces profundamente en Japón. En el mundo del chanoyu (la Vía del Té), la porcelana blanca y la cerámica buncheong de Joseon ya se utilizaban hacia finales del periodo Momoyama. Su carácter sobrio y silencioso ofrecía una alternativa al esplendor solemne de los objetos importados de China. La sensibilidad estética de “escuchar lo no dicho” en la cultura del té resonaba con el silencio y la imperfección contenida en los recipientes Joseon, fomentando una mirada que terminaría por materializarse en el espíritu del wabi-sabi.
En tiempos modernos, pensadores del movimiento Mingei como Yanagi Sōetsu y Kawai Kanjirō encontraron en las artesanías de Joseon “una fuerza que purifica” y “una forma de vida tal como debería ser”. En una época en la que el arte artesanal estaba cayendo en el olvido, estos objetos no fueron vistos solo como antigüedades, sino como manifestaciones de una forma de estar en el mundo—acogidos con profundo respeto y empatía.
Hoy, cuando me encuentro con un objeto artesanal de la época Joseon, su quietud vuelve a conmoverme. En él habita el espíritu de una época que se preguntaba cómo debemos vivir y qué significa ser—y esa voz silenciosa sigue resonando, sin desvanecerse con el paso del tiempo.
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